“Tengo una atmósfera propia en tu aliento, la fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas, con su propio lenguaje de semilla”. Vicente Huidobro.
lunes, 5 de febrero de 2018
miércoles, 24 de enero de 2018
Tienes que irte. José Luis Piquero
Tienes que irte
José Luis Piquero
La isla de Siltolá
2017
Por Gema Estudillo
Los que lo conocen lo saben, la obra de José Luis Piquero ( Mieres
1967 ) no deja indiferente a nadie. Su lento discurrir
por la poesía es una actitud de rebeldía y un modo consciente de atravesarla
sin renunciar a su herida. Periodista, poeta y traductor, Tienes que irte es el último poemario de José Luis Piquero. Como en
los anteriores y fiel a la poesía de corte realista y social, Piquero alza su
cruda voz contra la alienación del hombre en una sociedad materialista e
hipócrita, un camino que ya había iniciado en sus anteriores libros. En Insectos es un animal minúsculo el que
se encuentra en peligro y relata sus últimos pensamientos antes de la llegada
de La Plaga, La Peste, el Baygón: “ Me han elegido. Casi es un honor,/
aunque agite las manos en el aire como una reina histérica”. O en Dummy, inquietante poema en el que el
padre de una familia de muñecos de pruebas automovilísticas se expresa
duramente llegando a adquirir cualidades humanas: “ En realidad ya estoy
acostumbrado:/ ni siquiera me duele./…… no he sabido cuidar de mi familia…). El
trabajo, el dinero, la burocracia pesan incluso sobre el mismísimo demonio: ¡
Otra vez el trabajo! ¿ En qué me he convertido, en un maldito/ funcionario del
mal? ). Y por encima de todo, cómo no, el dolor ajeno, las relaciones
personales, los amores olvidados, los amigos perdidos, el fracaso en los
afectos: “ Hermanos, casi fuimos una cosa junta,/casi fuimos como una misma
cosa./ Y ahora dos muñones/ La parte de los dos que era yo: te la doy.” En
definitiva, Tienes que irte es un canto a la vida misma, a la vida descarnada y
cruda. Es un acto de entrega: “ Eres tu obra de arte del dolor” . Consciente de que la poesía no sirve para
salvarse del pudridero: “ Nos han jodido bien a los poetas con la Rosa, la Rosa”
, Piquero la atraviesa aquí sin miedo, con las heridas abiertas por las ascuas.
sábado, 9 de diciembre de 2017
WIEDERSEHEN IN BERLIN, Mascha Kalèko
En 1955 la poeta alemana Mascha Kalèko ( 1907 - 1975 ) vuelve a su país del que había emigrado en 1938 y describe su ciudad así:
Reencuentro en Berlín
Berlín, en marzo. El primer viaje a Alemania,
desde que fui desterrada hace mil años.
Veo la ciudad de otra forma,
así con la guía en la mano.
El cielo es azul. Los
abetos escuchan en silencio.
En Steglitz, un pájaro me habló ayer
en Schlosspark. Él me reconoció.
¡Y de nuevo me despiertan los gorriones berlineses !
Me encanta ese tono marcado.
Los escucho cada mañana arañar mi ventana
en el Ku-dam en el jardín de la pensión,
Me pone contenta, como manda la antigua tradición,
justo como entonces estos gorriones
se empapaban de mi trabajo diario.
Ya está oscureciendo. Verde brota el cáñamo.
¡Hoy olía a primavera en Grunewald!
El primer pájaro carpintero toca la corteza de abedul.
Ahora silba el viento del este desde el último rincón.
Y todos me preguntan qué me parece Berlín
- ¿ que cómo lo encuentro? Oh, aún lo estoy buscando!
Busco violentamente entre las ruinas
la humanidad y la arquitectura de estuco.
Alguien dice en berlinés : „ ¡ buenas ! “,
entonces creo estar casi sobre la pista
pero de nuevo esa dureza en la cara ...
Berlín, ¿dónde te quedaste? Sí, ¿dónde estabas?
Camino por las calles en mi corazón,
donde a menudo no se encuentra nada, solo un letrero.
En mí, el extraño, perdura la vieja imagen
la ciudad que tantos miles olvidaron.
Deambulo como en un sueño
a través de este paisaje, tiempo y espacio.
Y no sé cómo
con la nostalgia de un tiempo perdido ...
Berlín en primavera. Y Berlín en la nieve.
Mi primer poemario en las librerías.
Los amigos del Café Románico.
¡Cuánto veo que ya no puedo ver!
¡Qué ruidosas piedras de "Pompeya" me hablan!
Ambos nos tragamos nuestra propia medicina,
Pompeya sin pompa. Bonjour, Berlín!
Mascha Kalèko
Traducción Gema Estudillo
TRAVESÍA, de Lola Andrés.
Ed.
Contrabando
Colección
Marte Poesía
Pról.
José Luis Falcó
2016
Valencia
Travesía es una vía de conocimiento a través de la palabra. El
deseo de emprender un camino de exploración parte siempre de una pregunta “¿éramos
ciegos?, ¿cómo fue capturada la creación?, ¿por dónde entraba el tiempo? ¿cuántas
noches cayeron los sonidos? ... Lola Andrés (Valencia, 1961) es una poeta
curtida en la palabra y en la abstracción. Premio Gerardo Diego por su poemario
en castellano Moléculas y astros (2002)
y Alfons el Magnanimun por su poemario Jocs
de llum (Ed. Bromera, 2006) en lengua valenciana, firma una extensa
producción como creadora y traductora en ambas lenguas.
Travesía parte de la capacidad de asombro y extrañamiento de
una criatura, un murciélago. Una criatura sin capacidad visual, ciego y guiado
por el instinto del olfato y el oído, que emprende un camino lejos de su
bandada. Es una búsqueda esencial y primitiva por lo sensorial. El extraño ser
transita por el mundo como Andrés transita por la palabra, apoyada en sus
signos (“Signos de partida”) en un deseo de depurarla y liberarla de extraños
significantes. La palabra brilla en todo el poemario por su esencialidad, en un
lenguaje limpio carente de aristas. Pero no hay conocimiento sin confrontación,
en “La matanza”, “El estruendo” o “Adentro” el animal parece perdido,
extraviado en un mundo que no comprende. No alcanza a comprender su ser dentro
de la bandada ni fuera de ella (“llevas sangre de otro/ y sangre tuya”) o (“avanzábamos
a golpes/ de signos/ entonces/ cambiaban los vientos…”). Y por fin, tras la
caza, el abatimiento y el reconocimiento de una única certeza, la certeza de
que no hay respuesta y de que el único camino es
“arder
iniciarse de nuevo
oír
la gratitud
…...reconocer
la luz
en los estambres tersos
….
des-
aparecer
en
toda
palabra…”
Es sin duda este poemario un ejercicio de
distanciamiento del autor sobre de la voz poética. El intento de “desaparecer”
del poema, de desaparecer de la palabra contaminada por el subjetivismo. Andrés
se oculta tras esta criatura que percibe la vida a través de otros órganos y
que busca y halla la belleza a través de otros signos. Menos humanos, menos
visibles pero sin duda, esenciales y eternos. La resignación final de la
criatura ante la imposibilidad de alcanzar la luz nos remonta a la etimología
de la palabra: “re-signare”, volver a entregarse a aquello que se persigue, al
signo, y es en el reconocimiento de esa entrega donde el ser alcanza la
plenitud y el entendimiento. Por aquella grieta entra: “sssss…… el viento”. Y
acaso también la luz.
Gema Estudillo
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