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lunes, 19 de julio de 2021

Hilde Domin, la poeta del regreso. Hans Georg Gadamer. Traducción




En 1971 y con motivo de la concesión del premio Droste a la poeta alemana Hilde Domin, el filósofo Hans Georg Gadamer escribió este discurso que sería recogido en 1982 en una antología de textos dedicados a la poeta. Hilde Domin, motivada por la ola antisemista que asolaba Europa, dejó su país en 1932 y , tras un largo peregrinar por diferentes países, entre ellos España y la República Dominicana, no se volvió a asentar en su país hasta 1959. Sus estudios, lecturas, relaciones personales y experiencias vividas a lo largo de este periplo marcaron para siempre su obra.




HILDE DOMIN, POETA DEL REGRESO

            

                                                                                                                Hans-Georg Gadamer

Traducción Gema Estudillo



¿ Para qué la lírica hoy? No es necesario plantear esta pregunta cuando el poema ha encontrado otros oídos. La concesión del premio Droste a Hilde Domin habla por sí sola. Se honra con él una obra poética que avala constantemente su propia respuesta a la inquietante pregunta ¿Para qué la lírica hoy?. Estos versos que ahora se encuentran recogidos en unos pequeños volúmenes de poesía ( y que van acompañados de obras en prosa y estudios estéticos literarios de la poeta) , tienen un tono inconfundible, un tono que respira como una exhalación.

Quien sostiene en la mano el primero de los pequeños volúmenes, descubre ya desde la portada, que estos poemas, con algunas excepciones, sólo pudieron ser creados tras su regreso a Alemania y son producto de una vida madurada a largo de un destino errante. Lo cual me parece simbólicamente un acierto. Hilde Domin es la poeta del regreso.

Pensemos en qué significa esto. No significa que su exilio personal y el regreso a casa buscara y encontrara aquí su representación en la palabra. Tampoco significa que el destino común de los alemanes, el cual nos desgarró, cuyas cicatrices dejaron heridas visibles y que provocó fisuras que no se pueden cerrar, se aborde aquí de un modo poético. Deben perdonarme, pero lo que constituye el valor poético de esta obra no es la de un tipo de poesía política, ni siquiera donde las huellas imborrables de los acontecimientos ,“el silencio” y  “el exilio”, el recuerdo de los años grises y el miedo renovado a la libertad, se manifiestan a simple vista. Tampoco cuando uno se da cuenta de que la exhalación de estos versos, que es tan ligera que casi se escapa, anima constantemente a creer en el regreso.

Todo eso está ahí y aún más. Regresar es algo más que el riesgo y el empeño de un ex-exiliado y el balance del destino vital sigue siendo algo más que la suma de las experiencias de la pérdida y la separación, extrañas y distantes, los desplazamientos, la amistad, el amor y cualquiera que sean las clases de experiencias que aquí se mencionen. Son poemas. Hablan de todos nosotros.Todos sabemos o tenemos que saber qué significa el regreso. Además de eso, los versos de Hilde Domin nos permiten comprender,desde una nueva perspectiva, qué es la poesía.Cualquiera que comprenda con ella qué es el regreso, sabe de repente que la poesía es siempre un retorno, el retorno al lenguaje. Aquí es donde reside el doble poder simbólico de su declaración poética.

¿Qué es regresar? Regresar no es sólo “estar-otra-vez-aquí”. El regreso es una doble despedida. Quien - tras una larga ausencia-  regresa, tiene que renunciar a algo que empezaba a ser. Consideremos la reflexión en estos versos. Dicen así:


Un ciervo aparece en el bosque,

y una pequeña iglesia en una colina

con un cementerio solitario

te saluda.

Consideras su saludo

como una invitación,

que un día

-aún sin saber cuándo-

quizás a uno le gustaría

aceptar.


Y con esto puedes decir

que tú

aquí un poco más

que en otros países

estás en casa.


Si uno comienza a sentirse así y se supone que debe dejarlo todo otra vez, vuelve a ser consciente de lo que una vez tuvo que dejar atrás. Por tanto, el regreso es un regalo ambiguo. Si a uno no le es devuelto aquello que había perdido, sino que sufre una nueva pérdida. ¿ Cuál es la ganancia? El regreso agasaja con el reconocimiento, pero al mismo tiempo asusta no reconocer.


Mis pies se asombraron

de que al lado sus pies caminaran

sin sorprenderse


No es sólo que todo lo demás se haya vuelto diferente a lo que era, sino que, sobre todo, nosotros mismos nos hemos vuelto diferentes a quienes éramos. No hay vuelta atrás. Y de repente, lo sabes: aquello que parece ocurrirle sólo a los “sin hogar”


Hablas nuestro idioma

dicen en todas parte

con asombro.

Yo soy el extraño

que habla su idioma.


es en realidad lo que nos ocurre a todos. Seguimos desplazándonos y en todas partes hay asombro y ningún ápice de comprensión. Como es igual en todas partes, el regreso nunca es pura ganancia. Más aún: es una despedida - la tercera despedida. Porque ahora sólo hay de lo que despedirse, de una total separación, ya que en el regreso tampoco se trae ya nada de vuelta. Eso no quiere decir que regresar sea una decepción. Regresar es conocimiento. Ciertamente, todo conocimiento es una despedida. Pero lo que madura en la despedida es en sí mismo el conocimiento. Se gana una nueva distancia. El desánimo de la expectación se vuelve silencioso. Los objetivos ya no se persiguen de forma sistemática. Muchos se desvanecen como los sueños y el lugar al que uno llega es inesperado.Un poema, que a mí particularmente me encanta, dice algo que no sólo se aplica al viaje soñado.


Traidor viaje en barcaza


Pero el sueño es una barcaza

en la orilla equivocada.

Subes

por la pasarela de madera del ayer.

Estás invitado

a viajar sobre nubes rosas,

bajo nubes rosas,

como nubes.


Un soplo de aire,

eres tan ligero,

la barcaza tan a la deriva,

el agua tan cristalina.

Tan suavemente pierdes el rumbo:

sigues el camino hacia la pradera bajo la luz,

cuando la arena ya cruje bajo la quilla

a la sombra de los sauces.



Así el retorno se convierte en retiro. Porque, regreses de donde regreses, del exilio no puedes desprenderte.


Ineludible exilio

lo llevas contigo

te deslizas dentro

del sinuoso laberinto

dentro

en el desierto.


Uno yerra toda su vida en el desierto y sabe que el oasis fértil, en el que todo acabará felizmente, nunca llegará. Se reconoce a la poeta en uno de sus gestos más personales, cuando se lee:



Siempre la cabeza inclinada

frente a una voz

de la que ya sé

que nunca volveré

a escuchar.


Y sin embargo, eso se oye al escuchar “ Canciones de aliento” . ¿ de dónde les viene a los oyentes? Aquí la experiencia poética se eleva a la experiencia general que todos compartimos: la experiencia de la palabra. En primer lugar, ofrece la excelente y completa representación de la poesía.


Miedo

mío

nuestro

y sin embargo, cada letra.


Es así: para todos nosotros existe un abecedario fijo. La palabra se vale por sí misma, y sin embargo, cuánto riesgo hay en una palabra.


Por separado

una palabra flota

en el agua del tiempo

y gira

y se desgasta

o se hunde


La palabra que no se hunde es la que hace del poema un impresionante acierto que estremece. En él lo fugaz viene para quedarse y el viaje que emprende el aliento de la palabra llega a su destino.


Mi mano

busca agarrarse y encuentra

sólo una rosa como apoyo


Uno piensa en la flor de la boca, como llama Hölderlin a la lengua materna, la lengua de la poesía. Y entonces comprende por qué el poeta ocupa el lugar de todos nosotros. Para todos nosotros, la actitud del poeta hacia la lengua es regresar a la lengua, la despedida y el conocimiento al mismo tiempo. Por lo tanto, las palabras nunca son iguales. El poeta huye siempre de lo obvio. Del aliento del desaliento, que le produce el asombro en cualquier parte, nace el poema. Eso es un alejamiento de lo más extremo. ¿ Pero no es también una vuelta a todo lo común? No sólo es que el poeta será acogido por el idioma que todos hablan, sino que también, de alguna manera, le acompañamos en esa despedida y en el conocimiento. Así también, cuando nosotros mismos una y otra vez huimos de lo obvio, lo llamamos pensamiento; y al hecho de regresar convertido en otro, lo llamamos reconocimiento. Sólo cuando nosotros mismos vamos por ese camino, vamos también con el poeta.


Quién puede

arrojarse

al mundo

que el viento

atraviesa.


Quien puede hacerlo es el poema. La siguiente conjetura se torna permeable. Ya no es lo que se da por supuesto ni lo conocido.Y sin embargo,no es simplemente extraño, sino dudoso de una manera misteriosa. En los versos de Hilde Domin queda todavía algo de la presencia del niño.


Había una piedra,

una piedra gris,

en una colina en el campo.

“ Querida piedra”, le dije,

“tómame,

como si fueras una sillita baja

delante de la chimenea

en la que hay una olla de leche,

contigo quiero quedarme.


Desharé mis equipaje

y como un niño

que revuelve sus bolsillos

y sus canicas

y sus escarabajos aplastados

esparce en el suelo,

yo quiero los míos postrarte.


Ese “como” es más que una comparación. Uno se reconoce a sí mismo en aquello que ve en el niño, no sólo porque él también fue así, así tal cual, sino porque sigue siendo así todavía. El escarabajo aplastado, del que los mayores se ríen - ¿ no nos reímos de nosotros mismos? Eso que tenías que llevarte, porque no podías separarte de él, incluso cuando ya no es nada, el impulso que hay en cada uno de nosotros de esparcir todo lo que es de uno sigue siendo indestructible. Lo común a todos en un poema se construye a partir de todos nuestros aislamientos y percepciones. 


se encuentran

se entretejen

los mensajes

cada uno le habla al otro

filtra

palabras sin sentido

y se convierte

en la palabra.



La transformación en estructura es lo que debe ocurrir para que la palabra se convierta en garantía del objeto. En el equilibrio del sonido y el sentido y en la tensión entre el sonido y el sentido, en el que toda lengua se mueve buscando y encontrando, la poesía es el regalo supremo. Ya no hay distancia entre lo mío y lo de otro, ningún atisbo del exterior que nos haga temblar: en el poema, el lenguaje logra una gran familiaridad entre la palabra y el objeto.  


Palabra y cosa

yacen estrechamente la una con la otra,

el mismo calor corporal

hay en la cosa y la palabra.


Así que el retorno y la contemplación del lenguaje que realiza el poeta, no es sólo su propio regreso, en el que se encuentra de nuevo, porque lo ha perdido todo, es el regreso de todos a nosotros mismos donde nos encontramos.


Porque comemos pan

pero vivimos de fulgor.



( Artículo publicado en el núm. 451-452 de la revista Quimera. Año 2021 )

           

                                                                                




viernes, 1 de enero de 2021

Cuando los árboles hablaban la lengua de las cigarras, Manuelle Parra Serault

Cuando los árboles hablaban la lengua de las cigarras.

Ed. Garvm

Col. Garvm poesía

2020

Manuelle Parra Serault


                                                                                                                Gema Estudillo


Cuando los árboles hablaban la lengua de las cigarras es el primer poemario de Manuelle Parra Serault. Nacida cerca de Montpellier, hija del exilio español, poeta y grabadora, se define a sí misma como “ francoespañola que vive en la línea indecisa de una frontera mal cosida”. Activista cultural y organizadora de los encuentros poéticos de Voces de Extremo en Francia, Parra ha sabido buscar, profundizar y extraer de la experiencia vital que supuso el exilio español, en los campos de concentración franceses, la esencia poética del grito desgarrado de sus protagonistas. 

Como ella misma cuenta, su padre pasó por seis campos de concentración y de trabajo antes de callar para siempre y vivir de espaldas a sus raíces. El profundo dolor, la ausencia de memoria a lo largo de la mayor parte de su vida fue la que le impulsó a estudiar, investigar y crear dentro de la recuperación de la memoria histórica, porque “el hombre, memoria de las civilizaciones,/avanza con dificultad en los bordes del destino/hacia las luces que se apagan/ hacia las persianas que se cierran” .

La poesía de Manuelle Parra, de gran impronta plástica como sus grabados, no en vano ella reconoce que no sabe qué surge primero, si el poema o el grabado, ( “ simple boceto de un legado no consensuado./ Mi historia, la que llevo puesta/ grabada en las entrañas del corazón/ estampa de estos dolores amontonados/ de esta hambre jamás satisfecha…” ) se yergue sobre la conciencia social de los perdedores y entronca con la mejor literatura del exilio resultado de aquella experiencia: El caballo griego de Manuel Altolaguirre, Diario de Djelfa de Max Aub o Los días están contados de Gil-Albert. ( “ un cúmulo de separaciones/ hatillos a modo de bandera/las manos en los bolsillos para cruzar la frontera que no deja de extenderse/ este largo peregrinar transmitido en herencia por mis antepasados lejanos…” ). La denuncia, el miedo o la resistencia al olvido son temas frecuentes en muchos de sus poemas. Ya Aznar Soler en su artículo “ El campo de concentración francés como espacio escénico en la literatura dramática del exilio republicano español en 1939” analizó la importancia que tuvo para muchos de los intelectuales españoles el haber pasado por estos campos. Manuella Parra ha trabajado también y estudiado en esta línea las manifestaciones artísticas, fundamentalmente plásticas, que fueron capaz de llevar a cabo los hombres y mujeres que allí se encontraban internados. Para Parra, el hombre desposeído de todo, a veces de los más elementales enseres para el aseo o la nutrición, habiéndolo perdido todo, como bien explicó también Jorge Semprún en La escritura o la vida, se aferra a la palabra o al arte como última esperanza ( “ Cada ave en estas rejas/libera nuestros sueños./ Los pocos rayos de luz/reaniman nuestras vidas/ y las cenizas de la desgracia/se sepultarán por fin”).

Pero Manuelle Parra, concienciada también de los grandes males del presente, denuncia en sus poemas la tragedia de la inmigración en las costas europeas, los desastres medioambientales, el poder destructor del turismo de masas o “ la falta de transparencia/sobre la verdad de la guerra/asesinos invisibles/ a la conquista de los mercados/ y el dinero acumulado/ por los trabajadores de fábricas que moldean las armas definitivas/ que un día les harán llorar”. 

Poesía de la conciencia crítica como agua clara y transparente que Manuelle Parra, como quien recorre kilómetros en el tiempo para hacer una ofrenda guardada durante años, devuelve a su lugar de origen y la deposita en su cauce natural.

domingo, 28 de junio de 2020

CUANDO LOS ÁRBOLES HABLABAN LA LENGUA DE LAS CIGARRAS, Manuela Parra


Aquí un adelanto de mi próxima traducción para Garvm Poesía: Cuando los árboles hablaban la lengua de las cigarras, de Manuela Parra ( Francia ). Artista multidisciplinar: grabadora, poeta, novelista y promotora de los encuentros Voces del extremo en Francia. Hija de españoles emigrados a Francia durante la Guerra Civil. Parra ha dedicado toda su vida a mantener vivo el recuerdo de tantos españoles que pasaron por los campos de concentración franceses tras la derrota del gobierno republicano español. Este poemario, cargado de memoria y agradecimiento, es tan sólo una pequeña muestra de todo ello. 



El prisionero, Manuela Parra.
Traducción del francés: Gema Estudillo
https://anchor.fm/audiosdeconsumo/episodes/Manuela-Parra-Francia---Gema-Estudillo---El-prisionero-eelr05/a-a2amee6


Próxima publicación: Septiembre 2020